Remedios ancestrales

Hace unos días, mientras paseaba un poco despistado, casi choco con una persona que repartía propaganda en la calle. Era un hombre de unos treinta años, camisa a cuadros bien planchada y una bonita sonrisa. Con su mano izquierda sostenía un buen fajo de papeles y con la derecha me ofrecía uno.

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