Inflando ‘glovos’

Con la mirada juguetona del que se sabe triunfador, lanzaba Évole hacia el otro extremo de la mesa una interrogación en forma de recordatorio de la realidad, como si la pregunta pudiera pellizcarle el brazo para así cerciorarse de que no estaba soñando: ¿por qué después de 10 años ha accedido a que le entreviste?

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