La calle de la normalidad

Hay cosas tan normales que no pueden ser aburridas, caminos insólitos que al recorrerlos tan deprisa acaban cansando. Todos llegamos los primeros a conocernos, todos nos quedamos hasta el final cuando nos quedamos solos. A veces nos traicionamos y dejamos nuestra integridad en manos de otras personas, del azar o del sueño. Dormimos para no pensar, o acaso para no hacerlo con los ojos abiertos, tenemos amigos para trapichear con los sentimientos, los tuyos por los míos, los míos por los tuyos, confiamos en el azar cuando los deseos rozan lo imposible, cuando los clavos en vez de arder enfrían, y el único poste al que aferrarse es el de la caprichosa fortuna y sus inexplicables chispazos. 

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