De puertas adentro

El muchacho vio cómo el hombre, con su metro ochenta de altura, se situaba al lado de la enorme pantalla de televisión para decir con su voz campanuda: <<Aquí es donde yo veo cada tarde la carrera ciclista.>> Frente a la enorme pantalla, un no menos enorme sofá, y dejando entrar la luz y la suave brisa de aquella tarde de junio del año 2001, la puerta corredera que da acceso a la terraza, desde donde se podía contemplar una maravillosa vista de la costa andaluza.

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